Para quitarnos del medio el tema del presupuesto, que es recurrente, diré que si entre las ofertas presentadas hay una con un presupuesto considerablemente bajo, a decir más de un 30% menor que las demás, tiene una probabilidad MUY alta de ser escogida a pesar de que la oferta realizada carezca de suficiente nivel técnico o detalle de funcionalidades. Es así debido al desconocimiento técnico de muchos clientes y/o a su certeza de que conseguirán imponer que el producto final tenga TODAS las funcionalidades que han soñado. C’est la vie.
Si se ofrece un presupuesto muy bajo es por decisión corporativa y habrá que asumir las pérdidas que acarree el proyecto (ver “Tenemos que entrar en ese cliente como sea I y II”).
Apartándonos del tema monetario y pasando por alto el de los enchufes, voy directamente al comportamiento ya más impredecible de selección de la oferta y que es donde hay que comenzar a pelear; es en esta parte donde podemos sorprendernos con ofertas estilo “te ofrecemos todo lo que necesites en el tiempo que pides” o “te incorporamos nuestro framework super-especial que resolverá todas las ampliaciones futuras” y que aún así no sobreviven al proceso de selección.
Antes de comentar lo que he visto que sí influye, voy decir – IMHO – lo que NO va a influir en su decisión (o lo que menos influye):
- Llenar las ofertas de palabrejos técnicos
- Poner una lista interminable de funcionalidades cortadas y pegadas de su solicitud y – lo peor – explicar cada una de ellas como si fuésemos expertos en el negocio del cliente
- Ofrecerles nuestro framework super-especial
- Asegurarles que todo lo que nos piden lo vamos a hacer en el tiempo que nos piden – no se lo van a creer, este río lo han cruzado muchas veces
- Decirles que utilizamos una metodología de desarrollo propia de la empresa que une lo mejor de “nombre de una metodología famosa” y lo mejor de nuestra experiencia, a la que se le ha llamado “frasecita guay”. Y lo peor, detallarle sólo cómo funciona la “metodología famosa”.
Esto en realidad es la palabrería que nos saltamos cuando leemos las ofertas; es lo que hay en la mayoría de las ofertas; nosotros sabemos y el cliente sabe que estamos mintiendo como perracos y que lo que queremos es ese contrato.


